Está claro que las expectativas que levantó el R. Madrid en la campaña 24/25 fueron muy altas. Tras varias intentonas por fin llegaba al club Mbappe.
El francés parecía ocupar uno de los dos tronos vacantes de Messi y Cristiano Ronaldo (en ese momento Haaland se sentaba al lado).
Y, sin embargo, llegando al final de la temporada las conclusiones que se pueden sacar de este primer curso del francés en Chamartín arrojan más luces que sombras.
En primer lugar no ha habido una regularidad. Le costó arrancar y, al llegar la fase decisiva de la temporada, se atascó de nuevo.
En segundo lugar no ha estado presente en las citas más grandes del equipo, que es donde, por ejemplo, siempre aparecía Ronaldo.
Finalmente, diré que no ha generado la química con sus compañeros de ataque. Parece que juntar los mejores jugadores del mundo no ha servido para crear un equipo.
Con más inseguridades que certezas, el Real Madrid afronta una recta final de temporada que en ningún caso responderá a las expectativas creadas.
Y es que, intuimos, que el dinero ayuda siempre, pero no te puede garantizar la felicidad completa. El caso del Manchester City es otro muy sangrante, que ni siquiera con otra avalancha de millones en el mercado de invierno pudo reconducir su camino.
Mucho trabajo por delante el próximo verano en las oficinas del Bernabéu para intentar equilibrar un gigante que, actualmente, parece cojear un poco en su base y su zona media.
Esperemos que el mundial de clubes no sea una distracción que les impida trabajar.